30/3/10

yo, una vez, también fui un pájaro

(sobre la relatividad de las tragedias)




2 veces en mi vida. he llorado la muerte de un pájaro. no es una gran tragedia. no es para llorar. dirán. si se compara. con otras grandes tragedias. que ocurren cada día. también en la especie humana. me recuerda a esa frase famosa. de stalin: Una única muerte es una tragedia, pero un millón de muertes es una estadística. se olvidarán. decía. y tenía razón. pero bien sabe el que ha tenido. la vida. de un ser en las manos. que hay cosas que nunca se olvidan. los más fuertes. dicen. son lo que acostumbran. más rápido.


la primera vez tenía 5 años. la segunda 20 más. la primera vez seguía su vuelo. con la mirada. estaba tan concentrada. que casi podía sentir. que era yo la que volaba. no sé nada de aeronáutica. pero los pájaros tampoco. es todo cosa de intuición. de un conocimiento que se halla. escondido en los huesos. los músculos. en todos nosotros. y algunos dicen que de niño. es más accesible. no estoy muy segura. pero me he esforzado por no. perder esa conexión.


yo seguía su vuelo. volaba con él o ella. quién sabe. cuando sonó un disparo. muy cerca. y el pájaro cayó. y yo caí también. pero yo no estaba muerta todavía. escuché unas risas. ¡le he dado! ¡le he dado! eran niños del barrio. celebrando. que alguien había tenido la idea. de regalarles una escopeta. para que se hicieran hombres. rápidamente. y estaban contentos. y se reían. yo lo ví caer. yo caí con él o ella. quién sabe. los niños no encontraron su cadáver. yo sí lo encontré. tenía 5 años y lloré. porque no podía entender. por qué.


luego seguí volando. 20 años. yo era más grande. y el mundo parecía más pequeño. y soñaba con alejarme tanto. que al fin pudiera comprobar su redondez. esa segunda vez también lloré. porque entonces sí entendía. el porqué de las risas. el porqué de la violencia. y el porqué de los disparos. y estoy segura que esos niños ya son hombres. lo que no sé. es qué tipo de hombres son. y si ya. se acostumbraron.



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One cannot be deeply responsive to the world without being saddened very often. // Erich Fromm